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Acabar con el machismo para acabar con la violencia contra la mujer
Despertarnos con la noticia de una mujer asesinada por su pareja o ex pareja se ha convertido en algo terriblemente cotidiano.
premsaeuib 22/11/2017 - 13:13:35

Acabar con el machismo para acabar con la violencia contra la mujer

Despertarnos con la noticia de una mujer asesinada por su pareja o ex pareja se ha convertido en algo terriblemente cotidiano. A finales de octubre, la cifra de víctimas mortales por violencia machista en España llegaba a 42, muy cerca de las 44 de registradas en todo el año anterior. Cada nuevo caso es una fracaso, pero también lo son los cientos de miles de casos de violencia machista que se denuncian cada año y los incalculables que quedan ocultos y fuera de la estadística.

El año pasado, sólo en Baleares los juzgados especializados recibieron 5.268 denuncias y 624 solicitudes de medidas de protección. Las islas registraron la tasa de violencia machista más alta de España, con 93,31 casos por cada diez mil mujeres. Cada vez hay más denuncias, lo que significa que las víctimas están más concienciadas, pero las muertes y los maltratos no cesan.

Todas las campañas contra la violencia machista se dirigen a la víctima y todas vienen a decir lo mismo: denuncia, si no denuncias no podremos ayudarte. Lo que esas campañas no cuentan es que, aunque lo hagas, tampoco estás a salvo. El hecho de que un 36,9% de las víctimas mortales de 2016 hubiera denunciado a su agresor es la mejor prueba de que el sistema está fallando. Pero es que un 25% de esas mujeres asesinadas también había solicitado medidas de protección. En un 13,6% de los casos, esas medidas estaban en vigor cuando fueron asesinadas.

Contar con una leyes específicas para luchar contra la violencia machista ha sido un paso importante pero no es suficiente. De nada sirve una norma si no está dotada de medios reales para ponerla en marcha y sin la sensibilización y formación adecuada de quienes tienen que aplicarla, sobre todo en los ámbitos policial y judicial.

Los asesinatos son la forma más extrema en la que se manifiesta la violencia machista, pero no son la única. El maltrato, físico o psicológico, los abusos sexuales o el acoso son otros síntomas menos visibles de un mismo problema: una sociedad patriarcal en la que la mujer es considerada inferior, es cosificada y menospreciada en base exclusivamente a su género.

Seguimos viviendo en una sociedad en la que la mujer víctima de maltrato, violación o acoso es cuestionada, en la que la culpa y el miedo a que no te crean siguen suponiendo un obstáculo a la hora de denunciar. Las denuncias falsas son un 0'01% del total, según la Fiscalía, pero todavía hay irresponsables-entre ellos personajes públicos y medios de comunicación- que alimentan el 'mito' de la mujer despechada que denuncia por venganza. En la que un juez puede conceder la custodia de los hijos a un hombre condenado por maltrato.

Una sociedad que disculpa el acoso callejero tildándolo de halago, que aplaude y ríe los chistes machistas, que cría a sus hijos para ser guerreros y princesas. La brecha salarial sigue por encima del 20%, igual que hace una década; las mujeres siguen cargando a sus espaldas las tareas domésticas o de cuidado de niños, mayores y dependientes renunciando a su carrera ante la imposibilidad real de conciliarla con su vida familiar; llenamos las universidades pero no alcanzamos puestos de liderazgo académico ni laboral. Vivimos rodeados de anuncios en los que nos venden cualquier tipo de producto o servicio utilizando el cuerpo de la mujer como reclamo; y de personas con responsabilidades públicas que hacen gala de actidudes y declaraciones escandalosamente machistas y ofensivas sin ninguna consecuencia.

A las mujeres se nos sigue juzgando moralmente por nuestro físico, nuestra forma de vestir,  nuestras decisiones en materia reproductiva o nuestra vida sexual, mientras la publicidad y los medios nos recuerdan la importancia de ser atractivas y 'sexys' en todo momento.

La visibilización de la violencia machista cotidiana es cada vez mayor, pero de nada sirve que todas las mujeres del mundo denuncien el acoso al que se ven sometidas a diario si la sociedad no quiere escucharlas. Recientemente hemos sido testigos de ello: casos como el de Harvey Weinstein en Hollywood ponen en evidencia que el acoso sexual es normalizado hasta el punto de ser conocido por todo su entorno sin que nadie se escandalice y que se ha tardado décadas en tomar a las víctimas en serio. La sociedad patriarcal está programada para minimizar el acoso, para negarlo o restarle importancia.

Por todo ello, se hace necesaria una verdadera concienciación social que sólo puede lograrse a través de la educación en la igualdad. Este 25 de noviembre debe ser un día para la reflexión y para la acción, no sólo para lamentarse ni para hacer bonitas declaraciones. Atender eficazmente a las víctimas y perseguir al maltratador es primordial pero es sólo la punta del iceberg. Mientras no atajemos el problema de raíz, seguiremos despertando con noticias de mujeres asesinadas o violadas. La única manera de acabar con la violencia machista es acabar con el machismo.


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