Vendimias
La vendimia más temprana de la historia: el cambio climático adelanta 30 días el calendario de la viña en las últimas dos décadas y media
El ingeniero agrónomo Julio Prieto advierte de que el problema no es solo el calor del verano, sino el adelanto en la brotación de la vid.
tiecomunicacion.es 20/08/2026 - 17:30:41

La vendimia más temprana de la historia: el cambio climático adelanta 30 días el calendario de la viña en las últimas dos décadas y media

El ingeniero agrónomo Julio Prieto advierte de que el problema no es solo el calor del verano, sino el adelanto en la brotación de la vid, que provoca una maduración demasiado rápida para la que la planta no está fisiológicamente preparada

España afronta esta campaña una de las vendimias más tempranas de su historia, un fenómeno que, según el ingeniero agrónomo, viticultor y experto de la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura) Julio Prieto, no puede explicarse únicamente por las altas temperaturas del verano. "La confusión que tiene la gente es pensar que todo se debe al calor de estos meses. En realidad, el proceso empieza mucho antes, en el momento en que brota la viña", explica Prieto.

El experto señala que la activación del ciclo de la planta se está adelantando de forma progresiva porque los inviernos son cada vez más cortos y las primaveras más breves, lo que provoca que la vid acumule antes la temperatura necesaria para iniciar su desarrollo. A partir de ahí, las olas de calor aceleran el resto del proceso hasta desembocar en una maduración extremadamente rápida, "algo que nunca se había producido antes y para lo que la planta no está preparada", subraya.

Un desajuste fisiológico con impacto directo en la calidad del vino

Según Prieto, la velocidad de este proceso provoca un desacople entre lo que denomina "maduración industrial" —el grado alcohólico potencial y la acidez— y la maduración de compuestos determinantes para la calidad organoléptica del vino, como antocianos, polifenoles y aromas. El ingeniero agrónomo lo explica con una imagen sencilla: la uva tiene, por un lado, un "reloj del azúcar" —el que marca el grado alcohólico y la acidez— y, por otro, un "reloj del sabor", el que va formando los aromas y el color que hacen que un vino sea complejo y redondo. En condiciones normales, ambos relojes avanzan más o menos a la par. El problema, señala, es que con la maduración acelerada de este año el

primero se dispara mientras el segundo se queda atrás. El resultado son vinos con más grado alcohólico pero, potencialmente, con menos matices aromáticos y de color de lo que cabría esperar. "Cuanta más temperatura y más rapidez, mayor es ese desajuste", resume Prieto.

Este efecto, además, no golpea a todo el viñedo por igual. Se ceba especialmente con las zonas más cálidas y con las variedades de ciclo corto, muchas de ellas originarias del norte de Europa, donde fueron seleccionadas precisamente para madurar rápido, ya que allí el buen tiempo dura poco. Trasladadas al sur, esas mismas variedades "que estaban pensadas para ir deprisa" se ven ahora desbordadas por un calor al que no están adaptadas, lo que Prieto no duda en calificar de "un auténtico cataclismo". Las variedades mediterráneas, en cambio, con ciclos más largos y forjadas durante generaciones bajo climas cálidos, aguantan mejor el nuevo escenario térmico.

Consecuencias económicas y medioambientales

El adelanto de la vendimia también eleva los costes de producción, tanto por la mayor exposición de la planta a riesgos fitosanitarios durante un periodo de cultivo más largo, como por el gasto energético que supone enfriar uva que llega a bodega a temperaturas de hasta 50 grados. "Si esa vendimia se hubiera producido en septiembre o en octubre, con días más cortos y procesos de maduración más lentos, el gasto energético habría sido mucho menor", apunta Prieto.

Una cosecha que pudo ser histórica

Prieto destaca un dato significativo: en el momento en que brotó la viña este año, España presentaba la mayor previsión de cosecha de, al menos, los últimos 26 años. Sin embargo, el resultado final será una cosecha buena pero no histórica. "El cataclismo, en todo caso, sí va a ser histórico", advierte, en referencia a los kilos de uva perdidos por el camino, en parte por falta de herramientas de gestión adaptadas a las nuevas condiciones climáticas.

Herramientas frente a un clima que ya no es el de antes

El ingeniero insiste en que, aunque no es posible cambiar el clima, sí existen herramientas de conocimiento para adaptarse a él: variedades de ciclo más largo, con mayor capacidad de producir en condiciones adversas y de conservar acidez; técnicas de cultivo adaptativas; y una gestión de las nuevas plantaciones que tenga en cuenta la nueva realidad térmica desde el diseño mismo del viñedo. En este sentido, Prieto trabaja actualmente en un manual de plantaciones de viña dirigido a productores que deban tomar decisiones sobre el diseño de nuevos viñedos en un contexto de cambio climático.

Un dato que resume la tendencia

Con 26 años de trayectoria en el sector, Prieto ofrece una cifra que ilustra la magnitud del cambio: la vendimia se ha adelantado 30 días en las últimas 26 campañas, es decir, algo

más de un día por año. "Ha habido años algo más tempranos y otros algo más tardíos, pero la tendencia es clara", concluye.

 

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