Soy un asiduo de los baños en la playa de Porto Cristo, cada día lo mismo
Carta al director: “Soy un asiduo de los baños en la playa de Porto Cristo, cada día cuando dejo la toalla en la arena me vio obligado a retirar decenas de colillas de tabaco, las que me afectan y las que me rodean”
Enterrarlas en la arena no elimina el residuo. Peces y aves confunden los restos con comida. Usa ceniceros: Lleva siempre un recipiente portátil o de bolsillo. Playas sin humo: Respeta
AGENCIA MANACORNOTICIAS 24/08/2026 - 10:49:30
Nos cuesta muchísimo dinero el mantenimiento de las playas del municipio de Manacor y en especial la de Porto Cristo, pero nada ha mejorado en los últimos años. Le mando esta carta

Carta al director: “Soy un asiduo de los baños en la playa de Porto Cristo, cada día cuando dejo la toalla en la arena me vio obligado a retirar decenas de colillas de tabaco, las que me afectan a mi y las que me rodean. Es una vergüenza como está de colillas la arena de la playa de Porto Cristo. Promulgaron una ordenanza e intención para que las playas fuesen, estuviesen libres de humo, pero ha sido papel mojado.

Nos cuesta muchísimo dinero el mantenimiento de las playas del municipio de Manacor y en especial la de Porto Cristo, pero nada ha mejorado en los últimos años. Le mando esta carta para que salga por todo y quienes se cuidan de la playa lo hagan con rigor y defiendan el Medio Ambiente, que no sea pura palabrería. Le mando fotografías del jueves, viernes, sábado, domingo y este lunes. No me lo invento, nos estamos cargando el planeta. Somos unos salvajes.

Las colillas de tabaco destruyen el medio marino: una sola colilla contamina hasta 50 litros de agua, tarda más de 10 años en degradarse y conforma cerca del 30% de la basura en las costas

Las colillas de tabaco destruyen el medio marino: una sola colilla contamina hasta 50 litros de agua, tarda más de 10 años en degradarse y conforma cerca del 30% de la basura en las costas. Mantener la arena limpia exige actuar de raíz y aplicar medidas directas. Son letales: Liberan plásticos, arsénico y plomo directo al mar.

Enterrarlas en la arena no elimina el residuo. Peces y aves confunden los restos con comida. Usa ceniceros: Lleva siempre un recipiente portátil o de bolsillo. Playas sin humo: Respeta y promueve zonas libres de tabaco en el litoral. Participa en recogidas ciudadanas o apoya campañas de chiringuitos con incentivos de limpieza”. Gracias.

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Antonia Febrer Santandreu
Esta carta pone sobre la mesa algo bastante más profundo que unas colillas en la arena: la educación, los modales y nuestra capacidad para convivir en sociedad. Podemos hablar mucho de sostenibilidad, medio ambiente y de salvar el planeta, pero después son las pequeñas acciones cotidianas las que demuestran hasta qué punto creemos realmente en aquello que defendemos. ¿De qué sirven tantos grandes discursos si alguien termina un cigarrillo y considera normal enterrarlo en la arena? Y esto también debería hacernos reflexionar sobre qué sociedad y qué modelo de turismo queremos. Quien viene a visitarnos debería respetar el lugar que encuentra, sus costumbres, su entorno y a quienes viven en él, del mismo modo que cualquiera de nosotros debería hacerlo cuando viaja. Lo triste es que hemos llegado a un punto en que probablemente ya no basta con pedir educación. Las normas deben hacerse cumplir. Y una sanción no tiene por qué consistir únicamente en dinero. Quizás a quien ensucia una playa o una calle le resultaría mucho más educativo dedicar unas horas, con su correspondiente chaleco reflectante, a limpiar aquello que otros han ensuciado. A veces reparar enseña bastante más que pagar. Porque algo se nos está yendo de las manos: queremos derechos, servicios públicos impecables y espacios naturales magníficos, pero olvidamos que todos tenemos también responsabilidades. Alguna vez uno siente la tentación de crear su propia república independiente dentro de casa y cerrar la puerta. Pero esa tampoco puede ser la solución. Vivimos juntos y tenemos que aprender nuevamente a comportarnos como comunidad. Nuestros mayores lo resumían de una manera mucho más sencilla: predicar con el ejemplo. Tal vez deberíamos recuperar esa vieja enseñanza. El planeta no se cuida solamente en las grandes cumbres ni mediante grandes proclamas. Se empieza a cuidar cuando una colilla termina en un cenicero y no enterrada en la arena.